Wednesday, July 28, 2010

El hombre duplicado de Saramago por Anabell JOrge

No es por poco que Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998, sea uno de mis escritores favoritos. Y es que en su versión de El hombre duplicado deja ver a la luz su asombrosa capacidad filosófica e ingenio para atrapar al lector en cautivantes cuestiones sobre nuestra propia naturaleza humana y de lo que realmente “somos”.

Aunque ya he leído que este tema de los dobles ha sido fascinación de otros escritores a lo largo del tiempo, Saramago nos brinda su peculiar estilo: “explica entre líneas sus propios pensamientos, explora las contradicciones del ser humano, irrumpe con frases que nos invitan a reflexionar (…)”
[i] y con juegos de palabras introduce al lector en su imaginable mundo. Además, su original estilo gramatical hace que estemos bien atentos a los diálogos porque de otro modo nos perderíamos profusamente.

Es así como en el Hombre duplicado nos brinda una vez más la solución (o al menos el planteamiento) a su ya acostumbrado as bajo la manga “qué sucedería si…”: si las personas empezaran a quedar ciegas de repente (Ensayo sobre la Ceguera), si la gente no pudiera morirse (Intermitencias de la muerte), si tu auto tomara vida e hiciera lo que quisiera (El embargo), si un hombre se obsesiona de una mujer de la que solo conoce su nombre (Todos los nombres), si a un rey le da con enviar como regalo un elefante en un largo viaje (El viaje del Elefante) y la lista pudiera haber quedado sólo en la mente prodigiosa del póstumo Saramago.

Si bien es cierto que la parte introductoria en la que nuestro personaje principal Tertuliano Máximo Afonso descubre que tiene un doble y su posterior obsesiva búsqueda, es abrumadora y a veces exasperante, no deja lugar a la duda que Saramago sabe jugarla bien para mantenernos con el deseo de llegar hasta el final y ver de qué forma nos sorprende con sus desenlaces inesperados. Ya sentadas las bases entre nuestros dos personajes, “la copia” y la “original”, se desencadenan una serie de sucesos que se van moviendo vertiginosamente y aunque el argumento se puede resumir fácilmente a unas cuantas premisas e ideas, no así la línea reflexiva que deja tras de sí cada acción de nuestros personajes y sus circunstancias.

Nuestra existencia, nuestra identidad… una cuestión fundamentalmente humana. El hombre duplicado nos brinda sólo el espejo en el que nos podemos mirar y sacar nuestras propias conclusiones de lo que realmente somos. En un momento en el que Tertuliano Máximo Afonso se disfraza para no parecerse a él mismo –por temor que lo fueran confundir con su doble – se resalta la frase “Era como si, por aparecer diferente, se hubiera vuelto más él mismo” con la cual Saramago reafirma de forma magistral la complejidad de nuestro ser, nuestro sentimiento de identidad exaltada, agregando que al final nuestro Tertuliano Máximo Afonso, por querer defender su identidad, el “quién soy”, termina perdiéndola. Alguien muy querido me dijo una vez: “No se puede buscar ser diferente... Todos lo buscan de alguna forma, si uno también lo hace, no termina siendo igual??...”

No cabe duda que el final me sorprende. Saramago vuelve a jugar con la capacidad del lector, oculta con su narrativa un elemento que solo vuelve aparecer al final: no es uno, sino dos dobles que tiene nuestro amigo Tertuliano; pero nuestro Tertuliano no es ya el mismo de antes, ha cambiado, ha adquirido nuevas experiencias que lo harán desencadenar otra seria de acontecimientos y esta historia no tendría fin, pero como leeríamos en las propias palabras de Tertuliano “Las personas pueden cambiar de una hora para otra y seguir siendo las mismas”…






[i] Diálogos Latioamericanos. Mónica González

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